miércoles, 25 de abril de 2007

El Chopo: un espacio para la difusión cultural.




El Chopo: un espacio para la difusión cultural

Por Esther Leyva Gómez.

Desde hace ya 26 años, el Tianguis Cultural del Chopo ha sido un espacio para el intercambio, el descubrimiento, el reconocimiento de varias generaciones de jóvenes, quienes en estas calles han encontrado un espacio para la libre expresión y la tolerancia.
Todo comenzó un sábado 4 de octubre de 1980 dentro de las instalaciones del Museo del Chopo, que en ese entonces era dirigido por Ángeles Mastretta, un grupo de jóvenes montaban y daban forma al primer Tianguis de la Música cuya duración tendría un mes, sin embargo, gracias al éxito obtenido tomó por dos años más dichas instalaciones, hasta que las autoridades universitarias suspendieron el evento y los “choperas” se vieron forzados a empezar un peregrinaje que duró nueve años; este principia en las aceras del museo, en la calle Enrique González Martínez, donde tuvo su residencia hasta agosto de 1985 cuando fueron desalojados por la delegación Cuauhtémoc.
Encontró un nuevo espacio en el estacionamiento de la colonia San Rafael, más tarde en el Casco de Santo Tomás, después el en estacionamiento de la Facultad de Arquitectura de Ciudad Universitaria, para terminar en el año de 1986 en la calle Oyamel, convertido ya en asociación civil. En 1988 el grupo “chopero” decide mudarse a la calle de Saturno como resultado de un ataque, más tarde continuarían su peregrinar para llegar a la calle Aldama, entre Sol y Luna, en la colonia Guerrero, donde han permanecido 18 años y contando…
Es ahí donde cada sábado la contracultura nace, teniendo como límite la luna y el sol. Muchos jóvenes se dan cita desde las diez de la mañana hasta las cuatro de la tarde aproximadamente, para buscar una gran variedad de artículos que van desde una película de culto, la capa gótica, los pins skateros, los discos compactos de edición especial, los libros deseados, incluso hasta los colmillos mandados a hacer entre muchas otras cosas, o simplemente se reúnen para compartir las experiencias de la semana, intercambiar puntos de vista o buscar “un cotorreo para más al rato”.
El color negro (no importa si es terciopelo, algodón o licra) predomina en el atuendo utilizado por los asistentes. No importa que el sol caiga a plomo sobre ellos y haga más doloroso y molesto el piquete de la aguja que va formando el tatuaje de dragón, víbora o calavera en alguna parte del cuerpo. Las joyas plateadas, los collares, pero sobre todo las arracadas y broqueles resplandecen desde los labios, cejas, ombligos y nariz. En los puestos se vendes discos, videos, aretes, ropa y accesorios.
De ambos lados caminan personas de labios negros y cara pálida similar a la del personaje que Brandon Lee encarnara en la película “El Cuervo”. Los “punketos”, unos con los cabellos morados, rojos o verdes y levantados en puntiagudos ramilletes que se sostienen milagrosamente sobre el cuero cabelludo; y los “patinemos” con gorras, pantalones flojos y su inseparable tabla con ruedas; claro, no pueden faltar los rastas, que juntos comparten ese espacio.

Los discos apilados perfectamente en cajas de cartón o sostenidos entre las manos, desfilan por entre la calle de Aldama, en el tramo que forman las calles de Sol y Luna, límite establecido por las autoridades de la delegación Cuauhtémoc, y que no los deja ir más lejos, aunque algunos llegan hasta Camelia.
Así, el Tianguis abre sus puestos y permite la convergencia de un buen número de “tribus urbanas”, que en un ambiente de mutuo respeto y reconocimiento se van relacionando unas con otras; de esta manera el Chopo se ha convertido en un espacio dentro de la urbe en donde los jóvenes acuden a relajarse o a empaparse de las artes en todas sus expresiones posibles; ya que en la parte final del Tianguis podemos encontrar exposiciones pláticas, recitales de poesía o conciertos al aire libre que abarcan una amplia gama de propuestas.
Caminando entre los puestos, “chachareando” me encontré con Daniel, un estudiante de medicina, y me dijo que para él “es un lugar multifacético donde convergen demasiadas subculturas entre sí, en un ambiente tranquilo, cultural y reflexivo; es un símbolo subcultural que abre espacio a nuevas visiones, ofreciendo a la gente esos escasos foros subversivos”.
También estaba Lucero, estudiante de Contaduría Pública del ITAM, y me contó que “hace mucho que vengo acá, desde los 7 años, al principio estigmatizaba a las personas, pero con el paso del tiempo te das cuenta de que es un centro donde los jóvenes pueden expresarse de una manera no convencional. Siento que la sociedad tienen una idea preconcebida sobre este tipo de lugares que nada tienen que ver con la realidad”.
Con por lo menos 200 miembros organizados en su comité, con una calle tomada en plana colonia Guerrero y con visitantes que alcanzan cifras muy altas cada sábado, el Tianguis Cultural del Chopo mantiene vivo su espíritu musical.

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